Ejercicios de Autoexpresión musical,
por Antonio Blay
En el crecimiento, muchas veces hay dificultades para pasar de una fase inmadura a una fase de madurez, pero existen procedimientos especiales que pueden ayudarnos en este desarrollo positivo de la afectividad. Dentro de esta línea está la técnica de la autoexpresión con estímulo musical.
La técnica consiste en poner música, y la persona o el grupo de personas que hacen la práctica deben estar receptivas a la música dejando que ésta penetre en suzona afectiva, estética; entonces tienen que dar expresión a lossentimientos, emociones o estados que la música provoca. Debe exteriorizarse la expresión lo más completamente posible, a través del cuerpo, con movimientos que se improvisan sobre la marcha, a través de mímica, incluso a través de la voz, con palabras, o gritos cuando la expresión de los contenidos interiores lo requiera.
De hecho, se trata de una práctica en dos fases aunque se hagan simultáneamente: la receptividad interna, afectiva, sensible a la música y la exteriorización de todo lo que la música suscita o provoca en mí. Este ejercicio, que debe durar de 20 a 30 minutos, requiere que uno esté muy atento, de manera que mantenga una conciencia clara de sí mismo mientras está practicando esta expresión. Conviene que la persona se obligue a exteriorizar lo que siente, a romper los moldes de la reserva, a romper esta tendencia a quedarse cerrado dentro y obligarse a que todo lo de dentro salga fuera.
Con la música estamos acostumbrados a sentir cosas, pero a sentirlas dentro y quedárnoslas dentro; lo mismo que hacemos con los sentimientos en la vida corriente: yo me siento herido o me siento satisfecho y eso me lo reservo para mí. Esto puede ser correcto hasta cierto punto en la vida social porque no podemos andar por ahí exteriorizando sin más todos nuestros sentimientos y emociones, pero lo cierto es que toda nuestra vida afectiva debe ser expresada porque es esencialmente dinámica, y este dinamismo impulsa a la acción, a la expresión, a la exteriorización; es sólo por la educación recibida que guardamos las cosas dentro. Por esto todos los pueblos, desde los más antiguos, han sentido la necesidad de celebrar sesiones colectivas de cantos, de danzas, para poder expresar los sentimientos interiores a través de movimientos y de la voz.
Música diversa, expresión amplia
¿Qué clase de música es la adecuada para estimular esta expresión afectiva? Pues toda clase de música, pero que sea buena; porque sólo la buena música es música. En otras palabras, sólo es realmente música la que expresa algo real, o sea, la música en la que el compositor ha expresado algo vivo, un sentimiento sincero, más elevado o más superficial, pero sincero. Debe ser música, que no sea sólo sonido.
Decimos, además, que debe expresarse toda clase de música porque esto equivaldrá a expresar toda la gama afectiva. Existe una música que moviliza los sentimientos más superficiales y éstos también deben expresarse. Otra movilizará sentimientos muy profundos, que también debemos expresar. Otra música expresará sentimientos intensos, violentos; otros serán de delicadeza, de grandiosidad, etc.; todos deben ser expresados.
En esto, muchas personas tienen dificultades, pues cada cual tiene sus preferencias musicales. Muchas personas dicen: «a mí lo que me gusta es tal música, en cambio la otra no me dice nada». Si una música realmente comunica algo por sí misma ¿por qué a una persona no le dice nada? Pues porque la persona no acepta lo que le comunica aquella música. Porque la persona se cierra a cualquier cosa que no sea lo que le gusta sentir y quizá expresar en su vida. Quienes gustan de la música solemne y rechazan todo lo que sea música más ligera, son personas que suelen rechazar a otras que expresan sentimientos más superficiales, más ligeros. En cambio, hay otras que dicen: «a mí lo que me gusta es la música ligera, rítmica, la música muy animada y divertida, pero que no me pongan música de esta llamada clásica porque me duermo». En este caso se trata de personas que se desenvuelven en un ambiente quizá muy espontáneo, desenfadado, pero con poca reflexión, con poca profundidad. El rechazo de una determinada música es el reflejo inevitable de la actitud que se tiene hacia determinadas personas.
Es evidente que necesitamos desarrollar toda la gama afectiva; no basta esta preferencia estética que en el fondo refleja una actitud interior parcial. Hemos de esforzarnos en escuchar con interés, en abrirnos a la música, incluso a la música que en principio no nos gusta. Hasta que podamos descubrir la fuerza, el valor, la calidad que existe en ella, y podamos expresar todo esto. Cuando seamos capaces de aceptar la música, haciéndola pasar por dentro de nosotros y la expresemos, descubriremos que podemos entendernos con personas que antes habíamos mantenido separadas de nuestro sector de relación.
Expresar lo positivo
Aparte de esta repercusión, diríamos social, la expresión con música nos interesa como medio de eliminación de estados y actitudes negativas en el sector afectivo. Mediante esta práctica nos obligamos a vivir sentimientos positivos, altos o bajos, superficiales o profundos, pero siempre positivos. Observemos que cuando estamos de mal humor o deprimidos, no nos apetece la música; porque la música siempre expresa un sentimiento, lo que en el fondo es positivo. Por eso -si estamos receptivos, si respondemos a su expresión- siempre nos motivará, nos movilizará cosas positivas; incluso el aspecto de fuerza, de violencia interior, de combatividad, de protesta, es un aspecto nuestro sumamente positivo. Estos aspectos son en sí una fuerza positiva, aunque luego podría manifestarse en formas negativas de comportamiento que, naturalmente, deben evitarse. Si las personas hubiésemos vivido en nuestro desarrollo esta fuerza real de protesta, de un modo auténtico, nos hubiéramos ahorrado luego, de mayores, muchos problemas. El problema de sentirse supeditado, humillado, insatisfecho porque los demás abusan de que uno se siente débil frente a ellos. Es porque no se ha actualizado esta potencia, esta energía que hay dentro, asimilándola a través del yo-experiencia en el nivel afectivo, por lo que uno se encuentra débil afectivamente y por lo tanto se vive como víctima de los que manejan una mayor fuerza.
Por esto es fundamental poder desarrollar ese aspecto combativo; la capacidad de expresar energía, violencia, como una fuerza mía que existe y que yo vivo. Sin dirigirla contra nadie pero viviéndola, en el ejercicio de la expresión, como algo que hay en mí.
Esta es una de las grandes ventajas de este ejercicio, pues permite expresar incluso violencia sin ninguna repercusión negativa en la conducta, porque es una expresión que yo hago de un modo libre y neutro, sin dirigirla a nadie; en cambio, en mi vida social, yo he de controlar las palabras que digo y el tono en que las diga, para no molestar, no ofender, y evitar que se conviertan en algo negativo contra mí mismo.
En el ejercicio, la regla es precisamente lo contrario; aprender a expresar más y más toda la fuerza interior sin preocuparse de nada más, siendo siempre muy consciente de uno mismo, sabiendo que se expresa aquella fuerza porque uno la siente como propia y quiere expresarla, sin otras consideraciones. Este ejercicio permite actualizar dentro de nosotros unas facetas que en la vida diaria es muy difícil desarrollar, y por lo tanto, expresar.
Para eliminar los estados negativos, no luchemos contra ellos. Nunca
luchemos contra los estados negativos; nunca luchemos contra nada. Luchemos a favor de algo, luchemos a favor de lo positivo. Si queremos eliminar el miedo luchemos a favor de la energía y el miedo desaparecerá sin ni siquiera mencionarlo. Los estados negativos no son más que un déficit de lo positivo. Lo negativo no es nada de por sí; es sólo una forma deficiente de algo positivo que por su estructuración adquiere una significación negativa, algo que vivimos como una negación de nosotros, como ocurre con la depresión, con la sensación de fracaso, con la ansiedad, etc.
Éste es un principio capital, importantísimo: sólo desarrollando lo positivo desaparecerá lo negativo. Y es que nosotros solemos pasarnos la mayor parte del tiempo girando alrededor de nuestras preocupaciones, miedos y obsesiones. Y con eso lo que hacemos es aumentar su fuerza. Por eso, cuando aprendemos a hacer el ejercicio de la música con más y más entrega, obligándonos a expresar sentimientos positivos, siempre con la conciencia clara de uno mismo, esto elimina, lentamente pero de un modo seguro, todo lo negativo. Y lo que se elimine será la equivalencia exacta de lo que se haya expresado. Cuando yo sea capaz de expresar combatividad, sin problemas, durante el ejercicio de la música, comprobaré que ha desaparecido mi miedo en la vida de relación incluso frente a situaciones embarazosas o tensas.
Asociación de imágenes
Cuando la persona ya es capaz de vivir más intensa, profunda y sinceramente, con toda conciencia, los sentimientos que la música va evocando, entonces conviene completar esta práctica con un doble juego, podríamos decir. Se trata de asociar a ese estado que se tiene de positividad intensa de lo afectivo, alguna de las situaciones de la vida diaria, especialmente las situaciones que puedan ser problema (o que lo hayan sido). Cuando se consigue vivir intensamente un estado positivo, sea de lucha, de euforia, de alegría, etc., entonces -mientras se ejercita con la música- conviene imaginarse que uno está frente a la persona o personas, o situación, que en la vida diaria son causa de problemas, o que me causan miedo, inseguridad, rechazo, etc. Y seguir expresando esto positivo ante la imagen mental de estas personas o de la situación; como si a esta imagen se le dijese: «eso soy yo, esa energía soy yo, mi acción es mi voluntad, nadie puede impedir mi plenitud». Este desafío, esta expresión de mi energía, esta actitud frente a la imagen (de la persona o situación) que yo evoco en el ejercicio, tienen la gran eficacia de asociar la situación externa con la sensación positiva que yo vivo. Y cuando he hecho esto dos o tres veces, descubro que luego, al encontrarme en la situación visualizada, mi estado interior es completamente positivo y seguro.
Otra forma de ejercitar lo mismo consiste en que durante la práctica con la música yo me dé cuenta muy claramente de mí mismo en el estado positivo, sintiendo que «yo soy esto que expreso, yo soy esta fuerza, luego yo soy capaz de expresarla y ése es mi modo positivo de ser». Luego, yo evocaré ese estado que consigo ante la música cuando esté frente a la situación-problema. Se trata de asociar una cosa a la otra, lo que producirá un cambio en mi actitud cambiándola en totalmente positiva.
Resumimos los dos modos de hacerlo: a) trayendo la imagen de la situación a la sesión de trabajo con la música; b) evocando el estado logrado en la sesión con la música a la situación de la vida cotidiana.
Esta fase debe practicarse, pues si no se hace existe el peligro de que se cultive una actitud positiva durante el ejercicio pero luego en la vida diaria siga funcionando otro sector de la mente, el que está acostumbrado a reaccionar con los hábitos adquiridos, con miedo, etc. En cambio, si yo me obligo a asociar la vivencia positiva con la situación (o imagen de la situación) negativa, entonces son todos los sectores de mi mente consciente los que están viviendo lo positivo.
Este trabajo de expresión con música, practicado con regularidad y sinceridad, es un medio de transformación real, efectivo, pues con él yo aprendo a descubrir mi capacidad positiva afectiva, y manteniéndola en mi vida diaria se elimina todo lo negativo y me positiviza ante mí mismo y ante toda situación.
Pero además, este trabajo tiene otra faceta. Es también un medio de
desarrollo de nuestras facultades superiores, ya que el afecto se prolonga hacia arriba y entonces nos permite ir tomando conciencia de unos niveles, podríamos decir, de Belleza, de Fuerza y de Amor, superiores a nuestro mundo personal. Es como si de algún modo me conectara con esa intuición que hay en mí de lo Real, de Dios, o el nombre que quiera darle, como por ejemplo Amor universal, o Belleza universal, y que de esa Belleza o ese Amor-Felicidad universal yo aprenda a ir expresando una porción.
Y también con la música, a través de una receptividad más elevada, aprendo a abrirme a la Fuente universal, ya que esa Fuente se va expresando a través de mí de un modo más y más consciente y voluntario por mi parte. Pero esta faceta corresponde a una fase más adelantada que veremos al tratar del desarrollo de las facultades espirituales.
Ejercicios de autoexpresión musical
El texto de esta página está extraído del libro Personalidad y niveles superiores de conciencia de Antonio Blay, publicado por la Editorial Índigo. El libro se ha editado por el material de un curso de Psicología profunda que Antonio Blay impartió en varias ocasiones.