Biografía de Helena P. Blavatsky
Es una vida extraordinaria la de esta mujer sin par.
Escribiéndola brevemente, se puede decir: Nació en 1831 en Ekatarinalaw. Casó a los quince años, con un viejo de setenta, escapando del lecho conyugal para ir a Constantinopla, Egipto, Grecia, Francia, Inglaterra, Norteamérica y la India.
…En 1875 fundo la Sociedad Teosófica. En 1877 publico Isis sin velo. Después hizo más viajes, más estudios, prosiguió su vida de aventuras y maravillas. Publico en 1888 la Doctrina Secreta, y antes de morir, en 1891, dio a la estampa La Clave de la Teosofía.
Esta vida absurda, fuera de toda preocupación civil, es la vida de una mujer, la única mujer que ha creado una religión.
Es la vida ofrecida contra toda preocupación, contra todo prejuicio sobre la vida de los fundadores, de los profetas y de los mismos enviados.
Sus mejores biógrafos no saben más. Y los más autorizados, los que recibieran de los propios labios de ella algunas noticias de su existencia, fueron burlados en su pretensión humana por la Maestra, que dejo en sus manos una sombra que habían de maltratar.
¡Con que vergüenza, como haciéndose solidarios de la farsa que sospechan nos dicen que juraba como un carretero aquella señorita de quince años!
¡Con que inquietud sobre la mesa describen la fuga de la novia de un viejo de opereta! ¡Como apuntan las calumniosas acusaciones sobre sus violencias, sus rarezas, sus fraudes, sus ignorancias, y, sobre todo, como queriéndola justificar se justifican a si mismo sus biógrafos y admiradores!
Se puede ser profeta en cualquier parte, menos en la misma patria, porque otro pueblo recogerá al que su pueblo no ha sabido apreciar ni comprender. Pero ¿qué otro mundo, que otras gentes justificaran a estos profetas que pertenecen al mundo?
La vida aclara y transparente de Madame Blavatsky es una vida para el escándalo del mayor número. Una vida de prueba para esos biógrafos que empiezan hablando de los muertos ofreciendo su fe de bautismo, y que cierran la glorificación de los hombres dejando caer sobre ellos la lapida del sepulcro con la partida de defunción… ¡Cuando han resucitado!
La verdadera vida de madame Blavatsky fue una vida oculta, una vida desconocida, y no esa que han biografiado algunas gentes aptas para tomar la temperatura de un enfermo de cuidado.
Cuando ignoramos el dogma de la gravitación, podemos, temer, ignorando también los dogmas de la luz, que las estrellas caigan a nuestros pies cualquier noche. ¡Que esfuerzos, que maravillosos razonamientos tienen que hacerse, todos los días que piensan, las personas imbéciles para que los astros no se le caigan encima!
La vida de los santos, en los entendimientos débiles, plenos de pecado, causa admiración primero. Después, la inteligencia perversa, creyendo a medias, queriendo que los bienaventurados y los seres admirables sean como es ella, los dispensa la santidad o el genio, para llegar a esa categoría ella misma en un momento oportuno.
Una humanidad excesiva, menos aún, una simple humanidad, es perjudicial para toda biografía trascendente, porque el biógrafo desconoce la norma superior de conducta a que obedece dentro de sus inconsciencias el biografiado.
Las biografías de los dioses, los Evangelios, no pueden ser como las Vidas de Plutarco y de Diógenes Laertio. Fuera de las cosas humanas, los detalles humanos carecen de sentido; y los dejan los dioses, los profetas, los santos y los genios en quien pone mano en ellos, como el expolio que sirve para liberarlos y ascender más pronto al cielo.
Siguiendo paso a paso el calvario de los dioses, tomando también su cruz, la de ellos, llegaríamos a presenciar el suplicio sin inmutarnos, encontrando más natural aquello que la protesta de los siglos.
Un abrigo excesivo no nos deja sentir la atmósfera ambiente; y ese cúmulo de hechos, de hechos pequeños, de hechos distintos, como prendas distintas para preservar el cuerpo, nos llevan al campo de la historia tan libre de contactos que podemos creernos victimas de una anestesia.
La verdadera vida de cualquier hombre, ¿Que es lo que la constituye? Indudablemente debe ser algo que no es de otro, que debe ser de él solo, de él propio. Y lo que nosotros conocemos de cada uno no es más de lo que podemos conocer en el caso más felicísimo de cultura. Y todo cuanto debemos saber en las mejores condiciones de elevación y progreso moral.
Una biografía imparcial es absolutamente imposible. Lo que es indiferente no puede biografiarse. Así, siempre resulta que las biografías no son las vidas de las personas de quienes se habla, sino de quienes las escriben.
Una historia de nuestra emoción por el sujeto seria más sincera y valdría más. He ahí lo que propongo al lector y lo que tributo a la gloriosa maestra."
Prólogo del libro
"Helena P. Blavatsky: Doctrinas y Enseñanzas Teosóficas"
por Rafael Urbano