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La práctica de la Meditación, por Antonio Blay:
3. La salida del trabajo, su conclusión o final

Después del silencio debemos hacernos la idea clara de que vamos a terminar. Nunca se debe pasar de una manera abrupta de un estado de meditación o silencio a otro de movimiento, pues esto representaría un cambio demasiado brusco para nuestro sistema nervioso, para nuestros sentidos, y resultaría perjudicial. Procederemos, pues, así: todavía estando en silencio debemos hacernos primero la idea, «ya es suficiente; ahora voy a pasar a mi actividad externa». Entonces, una vez hecha claramente esta ""idea, deliberadamente, empezaremos a hacer unas respiraciones completas y profundas -también tres, cuatro o cinco-; con esto procuramos activar la circulación de la sangre. Después de estas respiraciones, moveremos las manos y los brazos y luego los pies y las piernas para activar la circulación en los miembros; también, si se sienten las ganas, puede uno desperezarse.
Cuando el trabajo se hace correctamente, se produce una disminución de lo que son actividades periféricas, orgánicas, como si se estuviera en un sueño en el que la actividad nerviosa, muscular, circulatoria, disminuye. Así, no podemos pedirle al cuerpo que inmediatamente se ponga en acción porque esto sería violentarlo; hay que ir recuperando su funcionalismo progresivamente, y esto se logra de un modo correcto mediante este proceso de la idea clara de terminar la práctica, las respiraciones y el movimiento de los miembros. Luego se abrirán los ojos; pero sólo nos levantaremos después de estar un ratito con los ojos abiertos. No hay que levantarse enseguida, no hay que hacer las cosas con precipitación, pues se podrían sentir mareos o dolor de cabeza; es lo mismo que ocurre cuando uno está durmiendo y de pronto se levanta bruscamente, entonces uno anda como medio borracho porque su organismo no está totalmente despierto, aun suponiendo que lo esté su mente. Pero aunque esté despierto mentalmente, su organismo no lo está, pues éste necesita unas condiciones progresivas para irse despertando.

 

Mantener el estado interior

En este momento ya se habrá realizado la secuencia completa del trabajo interior, la cual habrá durado en total unos treinta minutos o poco más. Entonces empieza el trabajo de mantener esto durante todo el día; o sea, que se trata de alargar este estado de calma que uno ha obtenido, de tranquilidad, de serenidad, de conciencia de sí mismos, y de aprender a mantenerlo mientras uno se mueve, mientras come, mientras trabaja. Esto luego se pierde, pero durante el día se han de buscar unos instantes, tres o cuatro veces al día (a horas fijas si es posible) y aislarse durante unos momentos; y entonces realizar las fases de respiración, de silencio, de evocación de la cualidad positiva y de silencio. Cuando la práctica de la mañana se hace de un modo regular, esto se puede realizar en muy poco tiempo.
Cuando hagamos estos paréntesis de trabajo interior procuremos que ""aunque sean cortos sean totales, no los hagamos a medias. Si es un minuto, bien, pero que esté todo uno dentro de este minuto, que se haga con toda la presencia de sí mismo; no debe hacerse pensando en otra cosa porque sólo se trata de un momento. Así será un minuto real, un minuto macizo, lleno, completo; durante este minuto no debe existir nada más que aquello que se está haciendo. Luego, pasado este paréntesis, mantendremos el estado en lo posible mientras atendemos a nuestras obligaciones.
Debemos acostumbrarnos a mantener este estado interior mientras se están haciendo las cosas cotidianas; aunque se borre, ya se volverá a recuperar cuando llegue la hora del nuevo aislamiento, o a la mañana siguiente cuando hagamos la media hora de práctica. Al cabo de unos días de hacer esto, no muchos, se notará que los efectos de este trabajo se alargan durante todo el día y que ya en ningún momento se actúa o reacciona como antes. Se comprobará que uno está distraído, pero de repente aparece el recuerdo del estado interior y, automáticamente, se produce el gesto de situarse en él. Se verá que ante situaciones nuevas se reacciona con una mayor entereza, con una mayor fuerza que antes. En definitiva, e independientemente de que se consigan o no unos efectos concretos en el momento de hacer el trabajo, se irán manifestando unos resultados sorprendentes en relación a nuestra personalidad y a la vivencia y expresión de nuestro ser profundo, los cuales significarán un estímulo creciente en el camino del trabajo interior.


 

La práctica de la Meditación

 

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